lunes, 24 de septiembre de 2012

#AventuraMarMenor


Posiblemente nos encontrábamos diciendo tonterías, o simplemente estábamos hablando en serio, cuando dije: "Hay gente que da la vuelta al Mar Menor". A lo que me contestó: "No hay huevos".
Ahí comenzó todo, básicamente por la gran frase a la que a todo hombre obliga a hacer algo. Y así fue como David Maldonado y yo nos propusimos dar la vuelta al Mar Menor con 72 kilómetros en menos de 24 horas.



Partimos a las 22:45, con unas mochilas colgadas a nuestros hombros, unas linternas, navajas, un paquete de 36 salchichas y demás utensilios variados pero sin utilidad con absoluta necesidad para realizar nuestra aventura. Nuestro primer obstáculo fue básicamente mental, tuvimos que hacer frente al miedo producido al andar por una carretera desolada, donde pasaban coches a gran velocidad y deslumbraban la cara. Donde allí sintiéndonos muy desprotegidos, dos coches se nos paran delante de nosotros, y comienzan a enclaxonarse. Nos subieron las pulsaciones a 215 por minuto, reducimos la velocidad para dejar un margen para que reanudaran la marcha. Posiblemente ese fue el altercado más importante cuando nos dirigíamos a los Narejos, fue lo que nos hizo estar con los ojos abiertos lo que nos quedaba de noche. "Arrivamos" a los Narejos (Alcázares) donde nos encontramos con Alba Teruel, Jose Pérez, Jose Luis Pintado, Pedro Cárceles y Javier Bolea. Lo más resaltable que nos pasó allí fue... nada.

Total que terminamos los Alcázares para llegar a los Urrutias donde hicimos campo a través teniendo como referencia siempre el mar a la izquierda. Tuvimos que desviarnos más de alguna vez debido a las bases militares abandonadas. Atravesamos los Urrutias hasta llegar a un playa virgen, pensábamos que ya habíamos pasado los Nietos, así que con fuerza y autoridad nos dispusimos a atravesar ese picadero de gays. Superamos las diversas pruebas, saltamos zonas con lodo, nos encontramos a un tío sentado en mitad de la playa sin nada por los lados, pasamos al lado de una autocaravana completamente cerrada. Superamos los retos, pero no sin miedo. Al llegar al siguiente pueblo, preguntamos a cuatro borrachines que donde estábamos, uno de ellos nos respondió "Santiago de Compostela", nosotros alucinando también porque un amigo suyo estaba haciendo un foso en la arena donde ya se hundía por más de las rodillas. Finalmente nos dijeron que estábamos en los Nietos, y proseguimos con un breve descanso nuestro típico paseo nocturno alrededor del Mar Menor.

Nuestra siguiente parte de la aventura nos supuso un esfuerzo de entrenamiento de las fuerzas especiales de comandos. Maldón Banderas le tiró una bolsa de plástico llena de arena a tres tiendas de campaña donde había tres chicos y tres chicas. Salimos por el camino de huída, pero este se acababa a los 10 metros, donde se metía el mar y aparecía un lago con lodo y fango. Mientras tanto, salieron los tres tíos a por nosotros, nos agachamos y empezamos a movernos cuerpo a tierra. Nos apuntaron con las linternas, pero no consiguieron vernos. A las media hora de estar esquivándolos, se fueron y nosotros logramos pasar por un camino de rocas a 10cm bajo agua.

A partir de ahí empezó a amanecer, llegamos a Islas Menores, y posteriormente a Playa Honda donde desayunamos con Maria Elena Casanova. Proseguimos por toda la Manga, en esa carretera interminable, donde hay 19 km, donde no llegaba el kilómetro 8, y al cabo del rato te lo ves a 200 metros. Puro esfuerzo mental, pero que con recompensa, gracias a Marina Cámara que nos invitó a unos Donuts de chocolate, y un baño en el Mar Mayor. Se hicieron las15:00 donde paramos a comer, y proseguimos hasta llegar al final de la Manga. Entonces llegó la parte más dura de todas. A pleno Sol, con el agua justa, nos dispusimos a pasar la zona más peligrosa de todas. Una mezcla de lodo y agua, de fango y ciénaga. Donde cada paso era un hundimiento hasta las rodillas, e incluso en una ocasión llegué a hundirme de fango hasta la mitad de cuerpo y hasta los pectorales de agua. Mientras, la mochila en brazos recubierta de una bolsa de basura. Llegamos a tierra firme después de dos kilómetros durante dos horas. Dos horas hundiéndonos, caminando con el cieno hasta las rodillas, a pleno sol, con poca agua, llenos de algas, mosquitos, mierda.

Con la moral por los suelos, y después de haber hecho un desglose espectacular físico y sobretodo mental. Donde muy poca gente podría haberlo conseguido. Donde después de 60 km nos hicimos 12 más con lodos incluidos en menos de 21 horas sin dormir. La gente que puede hacer esto es gente grande. Gente que pone el cuerpo humano al límite.